01:00 de la madrugada.
Entramos en la discoteca. El “pum pum pum” de los altavoces nos retumba en el pecho como si nos diesen descargas de adrenalina pura. Tras “otear el horizonte” y divisar un grupito interesante de chicas decidimos acercarnos a la barra, pedir algo y colocarnos en un lugar estratégico desde el que controlemos el ambiente, mientras este se va llenando.
Tras tomarnos la primera copa decidimos acercarnos al grupo de chicas que vimos al entrar. Tras un rápido proceso de ¿Cuál te gusta a ti, a por cuál vas tú? Comenzamos a bailar cerca de ellas. Claro está que el baile se limita a un leve bamboleo del cuerpo mientras mantenemos los brazos en ángulo, como su fuéramos un auténtico Ken.
02:00
…Avanza la noche, avanza y seguimos igual, moviéndonos como zombies que huelen su presa y, al igual que en el comienzo de cualquier película de muertos vivientes, se nos acaba escapando. Ninguno sabe por qué las chicas pasan de nosotros… ¿será por la ropa? ¿Será que somos feos? ¿Será que mis amigos las espantan? ¿O seré yo? ¡Y una poya! La culpa es del armario empotrado que está hablando con ellas y que vete tú a saber cuándo diablos llegó. La cosa es que ahora tenemos un enemigo mortal. Decidimos tomar contramedidas así que le “entramos” al grupo de chicas.
-Hola guapa, me llamo Fulanito, ¿y tú?
-Hola, yo Menganita, ¿Qué tal?
-Pues ahora que hablo contigo muy bien. (¡Toma esa! ¡Me ha quedado de maravilla!)
-¿De dónde eres?
-De aquí ¿y tú? (¡Funciona! ¡Me sigue la conversación!)
-También.
Pero entonces el cubo de esteroides andante aparece de nuevo y empieza a hablar con la chica. Y no solo eso, las que hablaban con el resto de nosotros ¡también se han girado y empiezan a hablar con él! El odio ya es visceral.
04:00
Nos hemos tomado una copa más, para ahogar el odio y la frustración. Tras dar unas cuantas vueltas por la “disco”, saludar unos cuantos amigos (de esos típicos que se te aparecen de pronto y te dan la chapa como si no te hubiesen visto nunca) y hacer unas cuantas intentonas más con otros “grupitos interesantes” decidimos volver a nuestra posición inicial en la discoteca. Es entonces cuando el odio resurge. El maldito pegote de proteínas sigue con las chicas y encima el muy cabronazo está restregándose con dos de ellas a la vez. Puñetero agonías… Pero no está todo perdido, nos volvemos a acercar. Las chicas con las que hablamos nos saludan de nuevo y tras un rato de charla en el que conseguimos que se olviden del tiparraco ese, comenzamos a bailar. ¡Jódete musculitos hijo de puta, por avaricioso te quedaste sin nada!
05:00
¡Joder sí! Lo estamos pasando bien. Nos reímos… ellas se ríen… puede que acabemos “pillando cacho”, la noche es joven. Pero entonces surge otro problema, algo que ninguno esperaba. Un inmenso mamut con nombre de chica surge de la nada y comienza a hablar con nuestras chicas. Al principio lo dejamos pasar, no nos interesa. Pero entonces algo comienza a cambiar. Parece que las cosas se han torcido. Ahora es como si todas las chicas del grupo tuviesen que salir de allí cuanto antes. ¿Qué diablos acababa de pasar? Entonces es cuando lo comprendemos. Aquello no era un mamut, sino un troll de lengua viperina que se negaba a habitar su “fortaleza de la soledad” (conocida también como vacío existencial que se forma a su alrededor cuando se personifica en entornos de ocio y esparcimiento). ¡Maldita sea! Algo hay que hacer. Es entonces cuando tratamos de darle conversación a semejante mole. Quizás en el fondo tenga su corazoncito y solo necesite quien la escuche. ¡Pero no! Tras solo cinco minutos de charla descubrimos que su alma (si es que la tiene) es tan repugnante como su aspecto. Antipática, sebosa y despreciativa. Imposible retomar el contacto con nuestras ninfas sin primero pasar por su monstruo guardián. A cada intento por llegar a ellas “la cosa” nos bloqueaba el paso, impidiéndonos mantener una conversación prolongada y sorbiéndole en cerebro a lo que deberían ser sus “amigas” al son de: “vámonos, que la música es una mierda” o “no les hagáis caso a estos tíos, que son unos mierdas que solo buscan lo que ya sabéis”.
El desanimo comienza a ser palpable en nuestro grupo, no podemos con el “tumor” que ha surgido entre las chicas. No podemos sobrepasar sus defensas. Nunca cruzaremos el puente que ha tendido esa amiga. La amiga puente. Puente porque hay que cruzarla para poder llegar a nuestro deseado destino… En cuestión de minutos todo cambia, lo que parecía seguro ya no lo es. Esa maldita víbora, con su lengua serpentina, ha convencido a todo el grupo para irse a casa y ahora volvemos a estar jodidos. Tras tanto sufrimiento, tanto esfuerzo, una maldita mujer nos ha dejado sin nada. Maldita amiga puente…
06:30
Agotados, decepcionados y con 15 euros menos en el bolsillo alguien dice lo que todos piensan. “Vámonos a casa”.
Menuda PUTA MIERDA de noche, al final no hemos conseguido nada. Solo una dirección de Tuenti o Facebook que a saber si serán ciertas o no. Aunque casi mejor que no fueran ciertas, porque agregarlas y que no te acepten la petición de amistad es todavía más jodido…
En fin... qué más decir que: Puta Mierda mis queridos lectores del inframundo!
7 mar 2011
6 mar 2011
¿Y cuándo follaron?
¡Qué ironía, qué hipocresía, qué desfachatez!
Sí mis queridos lectores hoy es día de venas craneales inflamadas, como la mayoría en estos tiempos que corren… En fin, os contaré como comenzó mi aventura y ya juzguen ustedes. Damas, caballeros y quimeras del inframundo internáutico, os presento la increíble y jamás contada historia del libro de cuentos y los inútiles docentes que no hicieron su trabajo.
Todo comenzó los días previos al día de Andalucía. Yo, y desde hace ya varias semanas, trabajo dando clases en un colegio cuyo nombre no diré, en calidad de prácticas. Con motivo del festejo todos los años se celebran sesiones en las que los padres de los alumnos cuentan cuentos populares de la zona a los niños.
Hasta aquí todo bien. Pero claro, este año tocaba rascarse las… narices. Así que un buen día se presenta la jefa de estudios que es un dinosaurio más, de los muchos que conforman el hábitat del centro (pero esto ya es otra historia), y decide reunir a todos los “prácticos”. ¿El motivo? Delegar el marrón de “cuentacuentos” en nosotros. Porque, teniendo carne fresca a la que cubrir de mierda, ¿por qué calentarse la cabeza llamando a padres y madres? Y más aun, ¿por qué arriesgarse a tener que contar ellos los cuentos, teniendo a otros que trabajen por ellos? Pero claro, no nos hacía gracia y ella lo sabía así que intentó sobornarnos con la falsa idea de que esta actividad (totalmente fuera de nuestros deberes como alumnos en prácticas) nos beneficiaría en nuestra evaluación. Tras ver que sería difícil convencernos comenzó con las súplicas… y cedimos. ¡Maldita sea la lástima! Al menos, los cuentos nos los proporcionaba ella.
Al día siguiente se presenta interrumpiendo mi clase, para darme algo. Cuando me acerqué vi que me tendía un libro viejo y andrajoso extraído de la biblioteca del colegio. ¡Dios bendito! Nunca imaginaríais lo deteriorado que estaba, pero claro, es normal cuando se trata de un libro que se compró en 1982. Tras darme semejante bazofia, titulada “Los cuentos maravillosos españoles” de Antonio Rodríguez Almodóvar, me dice que elija el cuento que prefiera de los que vienen en una de las secciones del manuscrito. Tras una rápida lectura veo que en los cuentos predominan dos factores. La muerte y lo grotesco. Por no hablar del incesto, la zoofilia, el fraticidio y destripamientos varios... Pero si la jefa de estudios dice que le lea a niños de tercero y cuarto eso… pues que así sea.
Y llega el gran día. Tras una tarde memorizando y adaptando (más bien suavizando el contenido) el cuento, llega mi momento. Comienzo a relatar la historia titulada “La niña sin brazos”. Básicamente la historia trata de una chica que es vendida al diablo por sus padres y a la que este le corta los brazos, pero que acaba conociendo a un príncipe, teniendo hijos y recuperando sus brazos. Tal y como yo esperaba los niños de cuarto curso estuvieron encantados con la historia, ya que de las que trae el libro era de las mejorcitas. Al acabar, y viendo que los alumnos estaban entusiasmados hasta me decidí a poner a los alumnos a interpretar de forma teatral la historia. Conclusión: un éxito.
Pero es entonces cuando surge lo inesperado. Una de las profesoras, tras acabar la faena, se me acerca sigilosamente para comentarme su opinión. Resulta que la historia le pareció poco adecuada para los alumnos y que por consiguiente yo debía cambiarla para la próxima sesión con los niños de tercero. ¿¡Pero qué mierda!? Sí he contado la jodida historia del jodido libro que me han facilitado las profesoras que “supuestamente” habían estudiado y preseleccionado. Pero no, las muy inútiles no habían leído nada y encima me habían dejado con el culo al aire, vendido y traicionado por un montón de dinosaurios cebados y cubiertos por su propia mierda. Y para colmo me joden, con más trabajo, ya que tendré que inventar un cuento más adecuado a sus gustos siempre cambiantes.
Y yo… pobrecito de mí, que la creo al decir que el cuento no era adecuado para los niños. Quizás la historia de una niña que sufre una discapacidad no sea adecuada, porque claro, todos somos perfectos, y lo imperfecto nos asusta ¿no? Pues vaya…
Me hubiese ido con la idea de lo poco adecuado de mi verborrea si no hubiese sido por un niño que, al salir de la clase, se me acercó y me dijo: “maestro, ¿cómo es que tuvieron un hijo si no has contado que hubiesen follado?”.
Ahora os pregunto yo, un niño que habla de follar y juega a reventar cabezas en el Call of Duty, ¿no está preparado para escuchar la historia de una chica discapacitada que vence sus dificultades?, ¿o solo es la idea desactualizada y prejuiciosa de un puñado de dinosauros que presumen ser docentes y que solo saben aferrase a su puesto de trabajo tras 30 o 40 años de métodos didácticos tradicionalistas y desfasados?
En fin, qué más decir, mis queridos lectores que… MENUDA PUTA MIERDA!!
Sí mis queridos lectores hoy es día de venas craneales inflamadas, como la mayoría en estos tiempos que corren… En fin, os contaré como comenzó mi aventura y ya juzguen ustedes. Damas, caballeros y quimeras del inframundo internáutico, os presento la increíble y jamás contada historia del libro de cuentos y los inútiles docentes que no hicieron su trabajo.
Todo comenzó los días previos al día de Andalucía. Yo, y desde hace ya varias semanas, trabajo dando clases en un colegio cuyo nombre no diré, en calidad de prácticas. Con motivo del festejo todos los años se celebran sesiones en las que los padres de los alumnos cuentan cuentos populares de la zona a los niños.
Hasta aquí todo bien. Pero claro, este año tocaba rascarse las… narices. Así que un buen día se presenta la jefa de estudios que es un dinosaurio más, de los muchos que conforman el hábitat del centro (pero esto ya es otra historia), y decide reunir a todos los “prácticos”. ¿El motivo? Delegar el marrón de “cuentacuentos” en nosotros. Porque, teniendo carne fresca a la que cubrir de mierda, ¿por qué calentarse la cabeza llamando a padres y madres? Y más aun, ¿por qué arriesgarse a tener que contar ellos los cuentos, teniendo a otros que trabajen por ellos? Pero claro, no nos hacía gracia y ella lo sabía así que intentó sobornarnos con la falsa idea de que esta actividad (totalmente fuera de nuestros deberes como alumnos en prácticas) nos beneficiaría en nuestra evaluación. Tras ver que sería difícil convencernos comenzó con las súplicas… y cedimos. ¡Maldita sea la lástima! Al menos, los cuentos nos los proporcionaba ella.
Al día siguiente se presenta interrumpiendo mi clase, para darme algo. Cuando me acerqué vi que me tendía un libro viejo y andrajoso extraído de la biblioteca del colegio. ¡Dios bendito! Nunca imaginaríais lo deteriorado que estaba, pero claro, es normal cuando se trata de un libro que se compró en 1982. Tras darme semejante bazofia, titulada “Los cuentos maravillosos españoles” de Antonio Rodríguez Almodóvar, me dice que elija el cuento que prefiera de los que vienen en una de las secciones del manuscrito. Tras una rápida lectura veo que en los cuentos predominan dos factores. La muerte y lo grotesco. Por no hablar del incesto, la zoofilia, el fraticidio y destripamientos varios... Pero si la jefa de estudios dice que le lea a niños de tercero y cuarto eso… pues que así sea.
Y llega el gran día. Tras una tarde memorizando y adaptando (más bien suavizando el contenido) el cuento, llega mi momento. Comienzo a relatar la historia titulada “La niña sin brazos”. Básicamente la historia trata de una chica que es vendida al diablo por sus padres y a la que este le corta los brazos, pero que acaba conociendo a un príncipe, teniendo hijos y recuperando sus brazos. Tal y como yo esperaba los niños de cuarto curso estuvieron encantados con la historia, ya que de las que trae el libro era de las mejorcitas. Al acabar, y viendo que los alumnos estaban entusiasmados hasta me decidí a poner a los alumnos a interpretar de forma teatral la historia. Conclusión: un éxito.
Pero es entonces cuando surge lo inesperado. Una de las profesoras, tras acabar la faena, se me acerca sigilosamente para comentarme su opinión. Resulta que la historia le pareció poco adecuada para los alumnos y que por consiguiente yo debía cambiarla para la próxima sesión con los niños de tercero. ¿¡Pero qué mierda!? Sí he contado la jodida historia del jodido libro que me han facilitado las profesoras que “supuestamente” habían estudiado y preseleccionado. Pero no, las muy inútiles no habían leído nada y encima me habían dejado con el culo al aire, vendido y traicionado por un montón de dinosaurios cebados y cubiertos por su propia mierda. Y para colmo me joden, con más trabajo, ya que tendré que inventar un cuento más adecuado a sus gustos siempre cambiantes.
Y yo… pobrecito de mí, que la creo al decir que el cuento no era adecuado para los niños. Quizás la historia de una niña que sufre una discapacidad no sea adecuada, porque claro, todos somos perfectos, y lo imperfecto nos asusta ¿no? Pues vaya…
Me hubiese ido con la idea de lo poco adecuado de mi verborrea si no hubiese sido por un niño que, al salir de la clase, se me acercó y me dijo: “maestro, ¿cómo es que tuvieron un hijo si no has contado que hubiesen follado?”.
Ahora os pregunto yo, un niño que habla de follar y juega a reventar cabezas en el Call of Duty, ¿no está preparado para escuchar la historia de una chica discapacitada que vence sus dificultades?, ¿o solo es la idea desactualizada y prejuiciosa de un puñado de dinosauros que presumen ser docentes y que solo saben aferrase a su puesto de trabajo tras 30 o 40 años de métodos didácticos tradicionalistas y desfasados?
En fin, qué más decir, mis queridos lectores que… MENUDA PUTA MIERDA!!
24 nov 2010
¡¡HOLA MUNDO!! ¡SOY MOISÉS Y TAMBIÉN ME JODEN MUCHAS COSAS!
Sí sí, lo sé. El título de este blog es un poco…bueno, dejémoslo en que no es muy sutil. Pero es sincero y cierto ¿acaso nunca habéis usado esa expresión? Por esa misma razón es por lo que escogí el nombre, porque siempre lo decimos, aunque sea “poco correcto”.
De aquí en adelante trataré de hablaros (siempre que pueda o quiera) de esas cosas que todos conocemos y que más de una vez nos han “tocado las pelotas”. Os hablaré de lo que funciona y lo que no en esta sociedad, claro está que siempre lo haré desde mi más “humilde” opinión. Lo que pretendo es que veáis que no sois los únicos que están jodidos en tal o cual aspecto y que yo, al igual que tu y que otros muchos más, soy un puteado mas.
Para terminar esta “maravilla” de presentación quiero animaros a seguir mi blog, a escuchar mis venturas y desventuras, a que os riáis conmigo y os quejéis junto a mí de lo que no nos gusta.
¡¡Hasta la próxima puta mierda de entrada!!
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