¡Qué ironía, qué hipocresía, qué desfachatez!
Sí mis queridos lectores hoy es día de venas craneales inflamadas, como la mayoría en estos tiempos que corren… En fin, os contaré como comenzó mi aventura y ya juzguen ustedes. Damas, caballeros y quimeras del inframundo internáutico, os presento la increíble y jamás contada historia del libro de cuentos y los inútiles docentes que no hicieron su trabajo.
Todo comenzó los días previos al día de Andalucía. Yo, y desde hace ya varias semanas, trabajo dando clases en un colegio cuyo nombre no diré, en calidad de prácticas. Con motivo del festejo todos los años se celebran sesiones en las que los padres de los alumnos cuentan cuentos populares de la zona a los niños.
Hasta aquí todo bien. Pero claro, este año tocaba rascarse las… narices. Así que un buen día se presenta la jefa de estudios que es un dinosaurio más, de los muchos que conforman el hábitat del centro (pero esto ya es otra historia), y decide reunir a todos los “prácticos”. ¿El motivo? Delegar el marrón de “cuentacuentos” en nosotros. Porque, teniendo carne fresca a la que cubrir de mierda, ¿por qué calentarse la cabeza llamando a padres y madres? Y más aun, ¿por qué arriesgarse a tener que contar ellos los cuentos, teniendo a otros que trabajen por ellos? Pero claro, no nos hacía gracia y ella lo sabía así que intentó sobornarnos con la falsa idea de que esta actividad (totalmente fuera de nuestros deberes como alumnos en prácticas) nos beneficiaría en nuestra evaluación. Tras ver que sería difícil convencernos comenzó con las súplicas… y cedimos. ¡Maldita sea la lástima! Al menos, los cuentos nos los proporcionaba ella.
Al día siguiente se presenta interrumpiendo mi clase, para darme algo. Cuando me acerqué vi que me tendía un libro viejo y andrajoso extraído de la biblioteca del colegio. ¡Dios bendito! Nunca imaginaríais lo deteriorado que estaba, pero claro, es normal cuando se trata de un libro que se compró en 1982. Tras darme semejante bazofia, titulada “Los cuentos maravillosos españoles” de Antonio Rodríguez Almodóvar, me dice que elija el cuento que prefiera de los que vienen en una de las secciones del manuscrito. Tras una rápida lectura veo que en los cuentos predominan dos factores. La muerte y lo grotesco. Por no hablar del incesto, la zoofilia, el fraticidio y destripamientos varios... Pero si la jefa de estudios dice que le lea a niños de tercero y cuarto eso… pues que así sea.
Y llega el gran día. Tras una tarde memorizando y adaptando (más bien suavizando el contenido) el cuento, llega mi momento. Comienzo a relatar la historia titulada “La niña sin brazos”. Básicamente la historia trata de una chica que es vendida al diablo por sus padres y a la que este le corta los brazos, pero que acaba conociendo a un príncipe, teniendo hijos y recuperando sus brazos. Tal y como yo esperaba los niños de cuarto curso estuvieron encantados con la historia, ya que de las que trae el libro era de las mejorcitas. Al acabar, y viendo que los alumnos estaban entusiasmados hasta me decidí a poner a los alumnos a interpretar de forma teatral la historia. Conclusión: un éxito.
Pero es entonces cuando surge lo inesperado. Una de las profesoras, tras acabar la faena, se me acerca sigilosamente para comentarme su opinión. Resulta que la historia le pareció poco adecuada para los alumnos y que por consiguiente yo debía cambiarla para la próxima sesión con los niños de tercero. ¿¡Pero qué mierda!? Sí he contado la jodida historia del jodido libro que me han facilitado las profesoras que “supuestamente” habían estudiado y preseleccionado. Pero no, las muy inútiles no habían leído nada y encima me habían dejado con el culo al aire, vendido y traicionado por un montón de dinosaurios cebados y cubiertos por su propia mierda. Y para colmo me joden, con más trabajo, ya que tendré que inventar un cuento más adecuado a sus gustos siempre cambiantes.
Y yo… pobrecito de mí, que la creo al decir que el cuento no era adecuado para los niños. Quizás la historia de una niña que sufre una discapacidad no sea adecuada, porque claro, todos somos perfectos, y lo imperfecto nos asusta ¿no? Pues vaya…
Me hubiese ido con la idea de lo poco adecuado de mi verborrea si no hubiese sido por un niño que, al salir de la clase, se me acercó y me dijo: “maestro, ¿cómo es que tuvieron un hijo si no has contado que hubiesen follado?”.
Ahora os pregunto yo, un niño que habla de follar y juega a reventar cabezas en el Call of Duty, ¿no está preparado para escuchar la historia de una chica discapacitada que vence sus dificultades?, ¿o solo es la idea desactualizada y prejuiciosa de un puñado de dinosauros que presumen ser docentes y que solo saben aferrase a su puesto de trabajo tras 30 o 40 años de métodos didácticos tradicionalistas y desfasados?
En fin, qué más decir, mis queridos lectores que… MENUDA PUTA MIERDA!!
ZAS!!! En toda la boca al profesorado xD
ResponderEliminarjajaja pues si te ha gustado espera a leer las entradas que preparo sobre la administración de la UCA.
ResponderEliminarOMG Historias de un practico, titulo pa un libro que nunca acabaría...
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